El pasado viernes 16 de abril se inauguró una ciclovía en Azcapotzalco. Considerando la tradición de inaugurar obras por parte de los gobernadores y presidentes municipales (en el caso del DF, Jefe de Gobierno y Jefes Delegacionales), uno en general no sabría cómo tomar este hecho. Lo cierto es que para un ciudadano acostumbrado a una marejada diaria de notas sobre lugares distantes y desconocidos, esta es una más.

¿Cómo lo tomo yo? Bueno, de entrada agradezco que después de más de 3 años de anuncios, al fin veamos algo materialmente real. Pero resulta que esta obra fue implementada por la Delegación Azcapotzalco y no por el Gobierno del DF, lo cual deja mucho que pensar, ya que hasta ahora biciestacionamientos, pequeños experimentos y 1,400 bicicletas públicas había sido todo el legado de obra de medio gobierno de Marcelo Ebrard, que no ha reflejado en pesos y centavos un esfuerzo realmente importante en materia de planeación, marco institucional y regulación que ha realizado la Secretaría del Medio Ambiente.

La ciclovía en Azcapotzalco corre por derecho de vía de FFCC en lo que ahora es la calle Ferrocarriles Nacionales. A lo largo de 4.6 km conecta el Metro Refinería con la frontera del DF con Tlalnepantla en el norte, de manera paralela a Aquiles Serdán. La ciclovía es bidireccional y se construyó en el espacio que ocupaban de las vías férreas. Tiene algunos problemas de diseño sobre todo en intersecciones y en señalización, pero en general para un proyecto tan barato (7 millones de pesos en total), el beneficio en términos de espacio público, movilidad peatonal y ciclista es mucho más grande por peso invertido que la mayor parte de los proyectos que se realizan todos los años.

En esto me parece que no hay discusión: nunca hay que valorar las obras de manera absoluta, hay que considerar costos (de inversión, de mantenimiento, de operación, ambientales, sociales, etc.) versus beneficios (accesibilidad, movilidad de personas, ambientales, sociales, etc.). ¿Cuál es el beneficio por peso invertido? Esa es la pregunta, y en ese sentido este proyecto es uno muy bueno.

Por otra parte, algo consternarte para mí es el ¿qué sigue? Me parece que es un deporte bastante practicado en nuestra Ciudad le de inaugurar obras y luego no prever presupuesto anual para su mantenimiento. En realidad, hay una altísima tendencia entre los funcionarios públicos a cargo de las decisiones en la ciudad, de que mientasse pueda, el dinero que sobra del presupuesto después de quitar los gastos fijos de administración, deberá dedicarse a obras nuevas. El mantenimiento en general no es “sexy” políticamente, el punto es inaugurar e inaugurar. ¿A qué medio de comunicación le interesa el mantenimiento de banquetas y calles? ¿Cuál es la nota? ninguna. Lo que pasa es que los funcionarios deben entender que son administradores de los recursos públicos, no políticos en campaña permanente. Ya llegarán las elecciones a su tiempo y los ciudadanos votaremos en función de nuestra conciencia, pero no mezclemos cosas, por favor.

Y esto lo digo porque son muchas las ciclovías que han sido “inauguradas” y han muerto de inanición presupuestal y protección pública. De entrada la del FFCC a Cuernavaca, que sumada a su mal diseño, no recibe mantenimiento suficiente. La de Eduardo Molina es otro ejemplo, que va desapareciendo día tras día en el camellón de la avenida. Otros casos tristes son las ciclovías en la Calzada Zaragoza y en la Calzada Camarones, que hoy ya no existen pero que fueron inauguradas en su momento por gobiernos autocomplacientes. Canal Nacional y los interesantes esfuerzos de Javier Hidalgo en La Viga y Marina Nacional también están muriendo poco a poco por la falta de preocupación del gobierno. Todo esto debido a que no son obras nuevas.

Publicado originalmente en Transeunte.